Hay una estación para la tierra abandonada. Hay un acaso para cada sonrisa. ¿Cuántas miradas indiferentes, elevan sus destellos?. Hay una llamada para cada despertar. Y una humilde mirada, para el torrente de espigas. Cada surco, frente a las entrañas desnudas, duerme si el cincel no rebosa.
Existe una profundidad estrecha en la dicha. Es flexible. Te curas dócilmente. Es indiferencia. Es decante fuego. No hay metamorfosis. No hay sombras. Las lágrimas no se deslizan. La voluntad de la placidez encuentra los brillos anodinos de lo real. Prefiero, desnudo, levantar mis ojos ciegos y buscar el camino, en el manto de sombras. ¡Que mis dedos pierdan el cruce de cuerdas, antes que sumirme en las curvas de los silencios borrados!.
El espíritu de quién habla, entrega luto a la casa de espinas, pero el gris es demasiado peso y mis hombros, vanamente, caen. Muere el alma expirada, si exhala la misma calle solitaria. Que será jaula, aquella estrella que en soledad, parece bella cuando brilla.
Mezcla bordes, escapan manos y desoyen soplos. ¡Cuántas palabras se abandonan en tu ausencia!.
Será una locura sentir el destino. Sera malgastar un si pudiera. También consigue, un sollozo perdido, esperar, irremediable la espera. Asómate al alba y sueña como perdura el lejano silencio. El mundo anuncia ladridos.
Existe una profundidad estrecha en la dicha. Es flexible. Te curas dócilmente. Es indiferencia. Es decante fuego. No hay metamorfosis. No hay sombras. Las lágrimas no se deslizan. La voluntad de la placidez encuentra los brillos anodinos de lo real. Prefiero, desnudo, levantar mis ojos ciegos y buscar el camino, en el manto de sombras. ¡Que mis dedos pierdan el cruce de cuerdas, antes que sumirme en las curvas de los silencios borrados!.
El espíritu de quién habla, entrega luto a la casa de espinas, pero el gris es demasiado peso y mis hombros, vanamente, caen. Muere el alma expirada, si exhala la misma calle solitaria. Que será jaula, aquella estrella que en soledad, parece bella cuando brilla.
Mezcla bordes, escapan manos y desoyen soplos. ¡Cuántas palabras se abandonan en tu ausencia!.
Será una locura sentir el destino. Sera malgastar un si pudiera. También consigue, un sollozo perdido, esperar, irremediable la espera. Asómate al alba y sueña como perdura el lejano silencio. El mundo anuncia ladridos.
Rafael Suárez