sábado, 24 de junio de 2017

And in the naked light I saw

(...)
And in the naked light I saw
Ten thousand people, maybe more.
People talking without speaking
People hearing without listening
People writing songs
That voices never share
And no one dare
Disturb the sound of silence
(...)
 
 
Paul Simon
Sound of Silence, 1964

Los albaceas May y Trump

El gran pulso del Brexit empieza por fin, y lo hace precisamente después de que las legislativas británicas asestaran un nuevo contragolpe a las fuerzas nacionalistas de Occidente. Tras haber contenido a Norbert Hofer en Austria, Geert Wilders en Holanda y Marine Le Pen en Francia, los defensores de las sociedades abiertas recibieron nuevo oxigeno con el voto británico. Los tories y su proyecto de Brexit duro quedan debilitados; el UKIP desapareció del mapa. Como en las elecciones francesas y estadounidenses, en las británicas también se divisa un vigoroso choque de ideas entre ciudades y periferias, y otro parecido entre jóvenes y mayores. Los primeros favorecen sociedades abiertas, los segundos, el repliegue.
 
A medida en que este escenario se aclara y consolida, figuras como Donald Trump y Theresa May cobran cada vez más el semblante de albaceas políticos de un mundo que se muere; de un tiempo que no volverá. Ejecutan la voluntad política de un cuerpo en lenta, pero inexorable descomposición.
 
El anhelo de recuperar soberanía que estos dirigentes abanderan va indisolublemente ligado a la nostalgia de otro tiempo. Pero ese mundo no volverá. Los vertiginosos avances de la tecnología y el dinamismo socioeconómico de las ciudades son fuerzas motrices que empujan incansablemente hacia adelante. Por mucho que se entone el America First, los empleos que se fueron no regresarán. En parte, porque ya no existen, fagocitados por avances tecnológicos que los hicieron obsoletos. Tampoco regresarán las tiendas de ultramarinos viejo-estilo en la esquina del barrio.
 
La pugna actual es solo la enésima reencarnación de un pulso viejo de siglos. En la Florencia del siglo XIII, Dante defendía ardientemente la conservación del viejo espíritu de la ciudad. Calificaba como “la parte salvaje” las nuevas fuerzas que entraban en la urbe. Pronto, él y los suyos resultarían vapuleados por esas fuerzas renovadoras que, por cierto, después hicieron grandísima a la ciudad. Posteriormente, florecieron ahí los bancos y una primavera cultural que destaca entre las cumbres de la humanidad. Incluso un hombre de la inteligencia y cultura de Dante quedó entrampado en el espejismo de la defensa de un pasado que se desvanecía. Florencia, prototipo del rumbo que tomarían las ciudades tras la Edad Media, empujaba hacia otro lugar. Con altibajos, con conflictos, el avance de Florencia prosiguió y con ella el de las demás urbes que han definido los paradigmas del tiempo moderno.
 
Quizá no sea casual que Estados Unidos y Reino Unido afronten el mismo trance tras un recorrido histórico especular: democracias veteranas y honorables; ausencia de invasiones extranjeras; revoluciones hiperliberales. Elementos que pueden haber generado, a la vez, fuertes sentimientos de seguridad en sí mismos y gran rechazo a los elementos más dolorosos de su capitalismo, bien diferente, por ejemplo, del capitalismo renano.
 
Pero sea cuales sean las causas y las razones de las insurrecciones que Trump y May abanderan, su fuerza motriz parece, vistos en perspectiva histórica, declinante y minoritaria. Jóvenes y urbes se oponen. Hoy, las ciudades americanas se rebelan abiertamente contra las políticas migratorias y climáticas de Trump; las británicas, como se notó en las legislativas, rechazan el Brexit que abandera May (por mucho que se le disfrace con retórica librecambista, el Brexit es un voto nacionalista y antiinmigración).
 
Ambos líderes ejecutan las voluntades de un mundo que inexorablemente se va. De la sociedad herida de los Apalaches; de la Inglaterra profunda. Ello no significa que ese mundo no siga reteniendo una capacidad de influencia política. Entre otras cosas porque, si bien las fuerzas que empujan hacia la globalización son imparables, la rabia contra las elites que la gobiernan con grandes fallos e injusticias puede mantener viva una pertinaz resistencia. Nuevos Le Pen y Farage podrán comparecer en el horizonte con nuevos estandartes. Pero la suya es una batalla inútil: el reto es acompañar a la población más frágil y menos formada hacia un lugar digno en el nuevo mundo, no resucitar el viejo.
 

sábado, 17 de junio de 2017

This is the real story behind the economic crisis unfolding in Qatar

Robert Fisk

The Qatar crisis proves two things: the continued infantilisation of the Arab states, and the total collapse of the Sunni Muslim unity supposedly created by Donald Trump’s preposterous attendance at the Saudi summit two weeks ago.

After promising to fight to the death against Shia Iranian “terror,” Saudi Arabia and its closest chums have now ganged up on one of the wealthiest of their neighbours, Qatar, for being a fountainhead of “terror”. Only Shakespeare’s plays could come close to describing such treachery. Shakespeare’s comedies, of course.

Read more: http://www.independent.co.uk/voices/qatar-crisis-economy-diplomatic-links-torn-middle-east-russia-hacking-real-story-robert-fisk-a7778616.html

miércoles, 7 de junio de 2017

¡Condenada sed!

Cuando las entrañas, primero néctar y caricias, después propiedad pública de labios amotinados en el desdén, miran al rostro de la idea esencial, un viejo peregrino, presagia la embriaguez de los sentidos. Aquí y allá.

Existen todos.

El alba, insistentemente roja, reclama, no en vano, la cura: Que vuelvan los torpes movimientos de ardientes besos y espalda mojada. Así sea.

El ensueño es un libro cerrado, semejante a un atuendo desnudo.


Ya es tarde.


Vuelve la lluvia de vinos. Vuelven los ahorcados amores, solo con efectos nocturnos. Vuelven los deseos temerosos de sencillez. Espada larga y afilada para las treguas. Yo no envaino, cuando en el cielo de mediodía, el hombre tibio hila el hambre de instantes de soles negros. 


Ciñe y agoniza la impenetrable noche. Grita el proscrito de altiva mirada:

- No dudes de las palabras cómplices de las largas distancias.
No deseo tu sabor. No has entendido nada. Has salido de mí.

No reclames despierto al hierro vencido, arroja la cándida servidumbre de un silencio. Reniega. Y, lucha. Y, vence. Y, sueña.

Hay una cruel diferencia entre la carne viva y su sombra. Que se tambaleé el Sol. La alegoría resbala, pero esta noche negra, pide vino y cuchillos más crueles. ¡Condenada sed!: Así sea.

Rafael Suárez

 

La interminable ocupación israelí de Palestina: 50 años sin paz, ni territorio

ntre el despacho de la joven viceministra de Asuntos Exteriores de Israel, Tzipi Hotovely, en Jerusalén, y el de la histórica dirigente palestina Hanan Ashrawi, en Ramala, hay menos de 20 kilómetros, pero la distancia que separa sus discursos políticos es inabarcable. Hotovely refleja la mentalidad de un amplio sector de la sociedad israelí que aspira a controlar todo el territorio en disputa desde el río Jordán hasta el Mediterráneo. Ashrawi, que ha pasado toda su vida adulta bajo la ocupación israelí, esgrime como la mayoría de los palestinos las resoluciones internacionales que amparan el derecho de su pueblo, aunque no se han cumplido.
 
Sin conflicto a gran escala ni paz permanente a la vista, 50 años después de la guerra que en apenas seis días cambió los mapas de Oriente Próximo se agranda la lejanía de ambas visiones enfrentadas sobre el futuro de una misma región. En el actual Gobierno israelí, considerado como el más derechista en la historia del Estado hebreo, está sobrerrepresentada la influencia de los 600.000 colonos judíos de Jerusalén Este y Cisjordania, que suponen un 7% de la población. Bajo las sombras de la división política y la desafección ciudadana, la Autoridad Palestina surgida tras los Acuerdos de Oslo de 1993 no controla desde hace una década la franja de Gaza, en manos del movimiento islamista Hamás, y su liderazgo en Cisjordania se ve cuestionado por una sociedad que no vislumbra el fin de la ocupación.
 
Ante la aparente concentración de tropas enemigas en las fronteras y el bloqueo marítimo de los estrechos de Tirán (la vía hacia el golfo de Áqaba y al puerto hebreo de Eilat), los cazas israelíes destruyeron en 1967 la aviación de combate de Egipto, Siria, Irak y Jordania en un ataque preventivo. Su Ejército ocupó sucesivamente la península del Sinaí, la franja de Gaza, Jerusalén Este, Cisjordania y la meseta siria del Golán. Desde entonces Israel ha devuelto el Sinaí, tras sellar un acuerdo de paz con Egipto en 1979, y se ha retirado de Gaza (2005) aunque mantiene sometido al bloqueo el enclave costero.

viernes, 2 de junio de 2017

Ce qu'il pense aujourd'hui

Notre esprit n'est que vent, et comme un vent volage,
Ce qu'il nomme constance est un branle rétif,
Ce qu'il pense aujourd'hui, demain n'est qu'un ombrage,
Le passé n'est plus rien, le futur un nuage,
Et ce qu'il tient présent, il le sent fugitif.
 

Etienne Durand
Stances à l'Inconstance

jueves, 1 de junio de 2017

Donald Trump's ignorance is becoming more evident with each passing day

Let’s connect the dots between Donald Trump’s “tax plan”, his invitation to the murderous leader in Manila and saying he would be “honored” to meet with the dictator of North Korea. And let’s throw in his claim that Trumpcare will be better than Obamacare and that his skeletal tax plan would make him pay more.

While these facts might seem unrelated, each points to a fundamental truth about Trump that I have been trying to get people to understand since he announced his latest presidential campaign in June 2015: Trump doesn’t know anything.