viernes, 31 de julio de 2015

Soy el espejo solitario de tú alma

Dicen que la cura al caos, es una ventana abierta. Extender la luz por un espacio.  Es reír con los ojos húmedos. A veces la desidia, prende el corazón con más noches furtivas. 
 
Volvieron mis pensamientos al horizonte: la luz atravesaba un vaso verde.  Arropé una nueva  partida: prefiero ver la quebradiza lluvia y sentir como se cierra la roja puerta del destino, que velar, reclinado, en los vaivenes de los tiempos no olvidados.

Existe un olor íntimo en el café de la mañana.
Cuando cae el amanecer, el desierto pinta sucias escaleras. ¿Cuántas botellas vacías reclama tu alma?. Despierto.  Un pañuelo de abrazos arcanos, ahogan palabras. Lleva dibujado un lis.

Alertan las noches, que resplandece la impaciencia en las madrugadas.

No hay bordas.

Colérica mirada negra: Eres la concreción del  pensamiento o el hollín del ayer, que acunas, inconsciente, mi huida? No arrastres mi memoria.

¿Es una lágrima, tu primera hoja verde?  ¿Eres fiebre de ella? ¿Eres el éxtasis que cubre el espejo solitario de tu alma?  ¿Eres el vacío desguarnecido que defiende mis sábanas calientes?

-          Soy el fugaz grito invisible que recorre tu impenetrable pecho.

Las calles son asilos. Los muros, manos nerviosas. Más botellas vacías allá, en el principio.

-          ¿Deseas desnudas noches? Acaso, ¿necesitas más falsos túneles? ¿Amas el hielo del deseo ciego?

-          Mira mis ojos, impenetrable memoria. Mis miedos no son tus semillas. Tus trampas, apetitosas, todavía, no son oscuras ni profundas. Mi cielo está seco y mi ventana, con semblante lejano, mordida.

 Hay un mármol en la ventana. La ventana era hermosa.

 -¡Dócil! Tus deberes son chasquidos del tiempo. Hay un jamás que se ha convertido en un todavía. Vuelve a posar tus ojos en sus lágrimas y retornará.
Rafael Suárez