jueves, 2 de julio de 2015

¿Cuál derrota buscan tus ojos encendidos?

Acariciando las olas, me deje arropar por la brisa: ¡Sigue a las errantes!: Postre mi alma abierta: ¡lívido destino cobarde!.
 
- Eterna noche: ¡exijo más! Encadéname a tu búsqueda, invierno de sed.
Respondió el verdugo con la mañana y el coche fúnebre.

La mitad del Horizonte, buscada la niebla, protesta al Deseado: Horizonte, ¿Qué deseas querer? Susurro, casi entre lagrimas de raíces: ¡Un ahora repetido en una amarilla tarde!. Resecosos ojos. Voz cortada:

Espejo de aguardiente: ¿tan lentas son tus horas? ¡Tan prisiones son tus mediodías! ¿Es madrugada tu gris azul rocío? ¿Cuan desierto es tu peregrinaje? ¿Cuál derrota buscan tus ojos encendidos?

 Fiel camino tembloroso, discreta sombra de plata, deshojada pólvora: ¡yo... discrepo!. ¿Cuán colinas son tus cotidianos susurros?

No hay derrota. Ni raudales de azares eternos. No deseo mi copa de infinitos.

 
Rafael Suárez
Lluvia, Cap. 7. Acariciando olas.