lunes, 13 de julio de 2015

Cuando la noche se aleja.

Mi única bandera es la agitada razón de la agrietada mar.  Mi casa pobre, decente y oscura, su amante sufrida. El amanecer es un ajedrez de prosas: un postrero portal que ilumina. Vuelo, con los ojos cerrados, hacia el aroma avaro de las cadenas forjadas del festín perdido: Son sueños de fugitivo: Son, agitadas razones de mar, en esta cristalina sombra de aguas vivas: Son escalofríos de la ventana vespertina que no olvidada, no viví. Es el luto de mi Norte. Es el retrato de mi aprendizaje. Es el blasón de las obras confusas de aquellos ignorados.

El viento que envuelve el abismo que me rodea, es mi lúgubre sudario. Deambulo indolente entre mis miedos. Esta noche ya amanece. El rojo va y viene. Es indeciso. Como mi pulso. Como mi mirada.

Me amparo en su recuerdo presente. Amarla es morir. Nacer es inapetente. Se arrancan mis botones. Mi boca....

Su hechizo brilla como los astros, un segundo antes de que brote el día. El agua es locura. Así sea.

No hay oasis en mi silenciosa memoria. Muera yo lejos que la sangre escrita es claro de luna. Mis parpados laten. No hay más ron en la botella pero, a puerta del alma, se abre: así sea.

Así es.

La noche se aleja y la hoguera indefinible de horizontes, de peajes, la conocida sonrisa del pasado, es un blanco quiebra de cristal. ¿Se inventa el odio?.

Se arranca un grito. ¿Ya no hay dolor?. Tiernos cantos inundan mis ojos. Estalla la lejanía. Escucho las trenzas de sus verdes miradas. Acaso, ¿se olvida la muerte cobarde de la pálida alma cobrada?. Desprecio esta libertad. No es mía. No es elegida. No es igual.

Es un siempre.

Es un morir y no matar.

Es la profunda confianza de la estrella temblorosa, sujeta a la noche que termina.

 

Llega el día.

Más rejas.

Más jaula.
 
Rafael Suárez
Cuando la noche se aleja.