Deslumbra el futuro. Ya no hay ansias de despiadada alma, solo ingrávidos vuelos de sueños inexistentes, labios que muerden el corazón, y entretanto, el alma herida gotea sangre, ¿es ilícito revelar cicatrices encendidas cuando te despojas del laberinto del tiempo y solo la piel reviste el presente? Y si envejeces solo, frio, roto, al menos, roba la eternidad en este paisaje de sombras, que con lluvia, vértigo y deseos imploran –previo peaje- frágiles mudanzas desnudas: son pétalos agotados por el reloj.
Vuelves vacío cada vez. Abandona consciente el pensamiento concluido. Es comprensible que aprietes los ojos para sanar tu corazón herido, incluso, que huyas del desgastado naufragio en cuya soledad desplomada expiró -secretamente- tu alma: Alto precio pagaste.
Rozas descuidado, el rojo murmullo que descifra tu aliento, a veces, como disfraz, las menos como eternidad. Vuelve al coraje prohibido de aquel destino innumerable que encadena, ciego tu cielo.
Rafael Suárez