Amo aquella partita donde los límites entre las relaciones habituales de los tonos están abolidas: De ahí, surge, la rabia, la desesperación y los diferentes estados de ánimo.
Es recoger flores en primavera –siendo alérgico-.
Merece ser destino, una huella que recuerda el alba. Lograr, ciego puerto en tu memoria, es abrir, a la mirada breve, la razón y al pecho que respira, un beso, un gesto que necesita.
Es recoger flores en primavera –siendo alérgico-.
Merece ser destino, una huella que recuerda el alba. Lograr, ciego puerto en tu memoria, es abrir, a la mirada breve, la razón y al pecho que respira, un beso, un gesto que necesita.
El 2º movimiento en Sol Mayor es impecable pero no fluye: Entre frágil compás y compás profundo, no se puede desarrollar una emancipación de la disonancia: No siempre, los límites de la tonalidad son necesarios. Deben romperse. Pero ¿renunciar a la estructura de un movimiento lento en La Mayor?
Tiene melodía, forma, belleza pero la fragilidad y la fuerza debe poseer el arpegio.
No acepto –empáticamente- descubrir el incierto rumor de la vida, prefiero explorar al calor de la luz de la vela, quién dice vela, dice copa de vino tinto, unos versos sueltos, que no esperan a mañana y olvidar lentamente la rosa mustia que sangra en la herida dolosa.
¡El 4º movimiento tiene 74 variaciones!. Abrir una fuga en 5 partes es iridiscente.
Sería tan necesario -y fácil- educar en belleza a los niños. Es elegiaco no hacerlo.
Rafael Suárez