miércoles, 7 de septiembre de 2016

Conceptualización de belleza (II)

El segundo ensayo dice así:

Es respuesta en lo cotidiano y pregunta en lo perpetuo. Es el resbaladizo puente entre la flor y el campo. Es pureza que se respira y felicidad que ha de venir.

Es el –salvaje- misterio herido que cobra y pierde, sutil, la esencia del perfume que embriaga y desgarra. Es profundo sueño de los sentidos.

Es alma.

Es libertad fundamentada en la pasión, que cruza entre la razón alimentada de amor y el mundo agitado que se equilibra cuando la luz surge en el tímido camino. Es lluvia. A veces cae lenta. A veces rápida.

Es ambrosía del corazón cansado que encienden las sombras libertinas que regresan a la mirada indolente.

Es un venablo que trepa plácido, entre el talento roto y la frágil maestría. Es un triunfo enamorado que comprende los laberintos hechos de sueños. Es un recién nacido.

Es un seno en cuya bruma muda un relámpago dormido. Es un espacio blanco, angosto con zapatos yambos. Es un grito estremecido que engendra –proscrito- la larga fuerza vencida.

Es ayuno suficiente. Es decir “te amo”. Es creer en el alba en una prisión umbría. Es agua en la piedra y en ésta, tiempo que brota de la carne. Es destierro voluntario. Es conquista trémula.

Es armadura contra la voz enmudecida. Es fuente venerada que esconde y enseña la verdadera patria.

Es encaje de un claro de la luna. Es la sombra de la Trinidad. Es un fuego mal extinguido en los abismos que recortan la mirada de unos ojos profundos.

Es solitario turbación que cubre un viento inmóvil. Es el látigo que tortura la sed no saciada.

Es secreto que corre sin tregua. Es un alfiler en una isla. Es, en fin, esa puerta coronada, en la orilla del destino.

Rafael Suárez
Conceptualización de la belleza. Segundo intento.