Cuando las entrañas, primero néctar y caricias, después propiedad pública de labios amotinados en el desdén, miran al rostro de la idea esencial, un viejo peregrino, presagia la embriaguez de los sentidos. Aquí y allá.
Existen todos.
El alba, insistentemente roja, reclama, no en vano, la cura: Que vuelvan los torpes movimientos de ardientes besos y espalda mojada. Así sea.
El ensueño es un libro cerrado, semejante a un atuendo desnudo.
Ya es tarde.
Vuelve la lluvia de vinos. Vuelven los ahorcados amores, solo con efectos nocturnos. Vuelven los deseos temerosos de sencillez. Espada larga y afilada para las treguas. Yo no envaino, cuando en el cielo de mediodía, el hombre tibio hila el hambre de instantes de soles negros.
Ciñe y agoniza la impenetrable noche. Grita el proscrito de altiva mirada:
- No dudes de las palabras cómplices de las largas distancias.
Existen todos.
El alba, insistentemente roja, reclama, no en vano, la cura: Que vuelvan los torpes movimientos de ardientes besos y espalda mojada. Así sea.
El ensueño es un libro cerrado, semejante a un atuendo desnudo.
Ya es tarde.
Vuelve la lluvia de vinos. Vuelven los ahorcados amores, solo con efectos nocturnos. Vuelven los deseos temerosos de sencillez. Espada larga y afilada para las treguas. Yo no envaino, cuando en el cielo de mediodía, el hombre tibio hila el hambre de instantes de soles negros.
Ciñe y agoniza la impenetrable noche. Grita el proscrito de altiva mirada:
- No dudes de las palabras cómplices de las largas distancias.
No deseo tu sabor. No has entendido nada. Has salido de mí.
No reclames despierto al hierro vencido, arroja la cándida servidumbre de un silencio. Reniega. Y, lucha. Y, vence. Y, sueña.
Hay una cruel diferencia entre la carne viva y su sombra. Que se tambaleé el Sol. La alegoría resbala, pero esta noche negra, pide vino y cuchillos más crueles. ¡Condenada sed!: Así sea.
Rafael Suárez
No reclames despierto al hierro vencido, arroja la cándida servidumbre de un silencio. Reniega. Y, lucha. Y, vence. Y, sueña.
Hay una cruel diferencia entre la carne viva y su sombra. Que se tambaleé el Sol. La alegoría resbala, pero esta noche negra, pide vino y cuchillos más crueles. ¡Condenada sed!: Así sea.
Rafael Suárez