lunes, 3 de octubre de 2016

Justificación para el TF (1º Intento)

No es necesario caminar en la impresionante Plaza de Campo de Siena, por las numerosas piazzae de Roma o por su Campidoglio para saborear la belleza y dejarse seducir por ella para siempre. Es una forma de sentir. De buscar. Esa actitud de búsqueda, de caminar sin camino, es la que por poner un ejemplo, permite, ironías de la vida, diferenciar un buen trozo de lienzo, con unos pigmentos aglutinados por aceite de una verdadera pintura o para que se entienda más claramente, es esa misma actitud la que diferenció al hijo de Geppetto de cualquier otro muñeco de madera. Lo mismo sucede con los arrullos de Miguel Hernández: No es necesario almorzar sopas de cebolleta, para que las Nanas de Cebollas del maestro alicantino le despierten a uno la escarcha de las más íntimas entrañas.
 
Y es que la Educación debe ser un paseo por el camino de la vida: Y siempre con la Madre Tierra. Por qué es ahí, en ese camino, en un país con 360 días de Sol al año, donde suceden y comparten las cosas más interesantes, como afirmaba Chillida en su concepto de rumor en el límite. El límite entre la ciudad y la playa, entre la niñez y la madurez, entre la naturaleza y la entorno cultural, el rumor de ambos ámbitos es un espacio de gran densidad y valor y con un poco de imaginación se materializa en un recorrido no lineal, guiándose por una razón sensible, y a poco que uno esté atento (lección de Rafaelito Nº 2, Hay que saber escuchar), el susurro y la voluntad hablan, siempre que en tu interior percibas y atiendas a la actitud a la que antes me refería: la misma que notó Miguel Ángel al liberar a su David del bloque de mármol que lo cautivaba. La belleza está en la sencillez.

Los escolares ya no escriben cartas a los Reyes Magos. Y los menos niños, tampoco piden a Baltasar la democratización del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional o de las Naciones Unidas: No expresan fervientemente la subordinación de sus decisiones al Marco de la Declaración de Derechos Humanos, la imposición al comercio internacional de la Tasa Tobin para sufragar los retos del G-8 en materia social-económico y ambiental o la prohibición de la ingeniería financiera y sus productos así como la eliminación progresiva del sector armamentístico ¡No!: Por el contrario, año a año, realities basura, con mayor o menor morbo y carnaza, como Gran Hermano, Hombres&Mujeres y garrulos y princesas de 300 euros y cama aparte, registran 60.000 peticiones interesándose por entrar a Talk-Shows, que cuentan con shares de audiencia del 70%: 9 millones de personas, de la denominada, generación más preparada de nuestra historia: extasiados, absortos y abstraídos en fulanos que se limpian los dientes, mientras venden su dignidad, humanidad y miserias -no necesariamente por este orden- por la denominada "cultura ahorista y acelerada" que magistralmente describe Beltrán y que ellos denominan, eso sí, con un nombre menos técnico pero más expresivo, a 300 euros el bolo. Y es que es oneroso ser de lo más chic, comprar las últimas novedades novedosas en sus distintas respuestas versátiles para el hombre moderno, verbigracia: llevar el último modelo con el nombre de alguien en la ropa interior en sus distintos productos, es la respuesta más rápida a la eterna pregunta de qué porque, es más popular el parchís que el ajedrez: Y es que queremos ser como Beckham y acabamos siendo Homer Simpson.
 
Las féminas, tampoco quieren ser princesas: ahora los sueños pasan porque los padres firmen la autorización y el préstamo, para el aumento de pechos o el retoque, que no corrección, del tabique nasal o de las orejas: estas princesas están comprendidas en el segmento de entre los 14 y los 18 años.
 
Lamentablemente existen demasiados ejemplos: Para exponer otro, relataré una aserción, a forma de testimonio, extraída de mi Cuaderno de Bitácora, mal llamado Diario de a Bordo que rubriqué mientras buscaba la flema de la mar: Era la primera hora de la mañana y la proa de mí “Siempre Juntos” apuntaba a mar abierto, rumbo sur-sureste excitado por un generoso barlovento, con rachas de 8 nudos y picos de 14: Calmó la dura mar y acariciando las olas, me deje arropar por la brisa para seguir a las errantes. El color melocotón inundaba todo a mi alrededor, no hubo pues, más que postrar mi alma abierta, en virtud del lívido destino cobarde al que grité, bajo el influjo de la entonces, entrada noche: ¡exijo más!. La búsqueda encadenaba el verdugo y con la mañana el invierno parecía tener sed. La mitad del horizonte, buscaba la niebla y protesté al Deseado: ¿Qué deseas querer? Terminado el aguardiente, el agua miel del termo, susurró: ¿son tan lentas tus horas? ¡Tan prisiones tus días! ¿Cuán desierta es tu vida? Acaso, ¿no son tus madrugadas gris azul rocío? Deshojada pólvora: No hay derrota. Ni raudales de azares eternos. El Levante se animó y a mi pesar, el bajel borneaba y rolaba por momentos crecidos por las corrientes de dirección e intensidad irregular y los vientos del primer y tercer cuadrante -NE y SO-. Recostado bajo la amura de estribor, pospuse las trovas de Joyce: Sin duda, es hiriente la ignorancia náutica en un país con 10.000 km. de costa que derrocha medios en promocionar actividades ombligueras, ¡pan y circo!, mientras las nuevas generaciones crecen sin tratar la mar ¡en una Península!.
 
Todos estos datos contrastan con las notas académicas de esos mismos adolescentes de un país con 26% de paro y un billón de euros de deuda pública, que reemplaza horas de estudio y deporte, en tardes de compras made in Bangladesh y PlayStation, en un sistema económico basado en esta retroalimentación inmoral: Y es que, existen problemas inherentes a la lucha contra el sistema neoliberal, en la búsqueda de un mundo más justo; Los pilares en el que se sustenta la Globalización no son solamente económicos-financieros, sino pedagógicos. La élite educativa, el llamado stablisment intelectual.
 
Los Mercados hacen el resto: Existe más violencia en las órdenes de la publicidad que en cualquier hoja de periódicos de la sección sucesos (Galeano nuevamente): Nos enajenan la dicha, siempre que la compremos higienizada, edulcorada y enlatada de la cursilería más vil, acomodándose en una suerte de repugnante kistch, sin saber por torpeza, incompetencia o simple retroalimentación que en sí mismo, el camino filosófico en la Educación Primaria, es el camino diferenciador y poético. No se necesitan excesivos complementos para poner más de relieve esa huella, esa actitud innata en los escolares.
 
Me afearan el uso de paralelismos por aquello de Galeano que donde unos ven una vaca sagrada, otros ven una hamburguesa enorme, o en su caso, que todo depende del color del cristal con que se mire o quizás que soy el Hombre del Traje Gris; por ello, definamos Belleza -con mayúscula-: Belleza es la absoluta amargura en los surcos y arrugas de El Lector de Holder. Cualquier haiku. El nulo contexto narrativo del pointillé de Vermeer. Un verso de cualquier canto de Childe Harold del forajido y proscrito Byron antes de dar su vida por la causa helvética. La pasión llorada del niño abandonado de Lorca: Eso es hermoso. Cualquier bagatela. Que uno y uno, sumen tres. El Shelley Memorial, hermoso hasta el dolor. Morrison arengando a las masas y poetizando con la Libertad minutos antes de ser detenido por la Policía por hacer uso de su autodeterminación. Magnifica también la pintada por Delacroix en 1840. Las palabras andantes de Galeano y Las caderas de las mujeres de Toulouse-Lautrec son hermosas. Los pegotes de aceite en los oleos de Van Gogh. Weismüller frente a Kahanamolu allá por 1922. El júbilo de mi perra callejera -a la que abandonaron enferma y postrada- Sofía Leticia Suárez, jugando a pie de playa con las olas mientras el mundo duerme un sábado por la mañana. La máquina de escribir de L. Anderson. Tierno Galván en la alcaldía de Madrid era hermoso. Leslie Chang lo es. La noche en que El Bosco, allá por 1505 terminó su Jardín de las Delicias. La controversia de La creación del Mundo de Courbet, es hermosa. El no hay futuro de los Sex's Pistol's en plena decadencia industrial inglesa. Los cautivos de Buenarroti. Hermosos, muy hermosos. El beso de Paolo y Francesca del acérrimo Rodin. La dulce pureza que empapa el origen de cada una de las Leaves of Grass de Whitman; todas Les Fleurs du Mal de Baudalaire. El elegante crepitar del Azul de Rubén Darío lo es. Las lágrimas de la afligida Elsa Fornero, al anunciar los recortes en las pensiones italianas eran bellas. Absolutamente todas las puertas de William Blake. La certeza de Houellebecq hasta contagiar su falta de aire. Brecht escupiendo y maldiciendo en la puerta de atrás de un mediocre y anodino teatro en el gris Berlín del Este de la extinta RDA. La niebla del Me Nam vista desde las montañas. Andrew Cotton cabalgando victorioso sobre 23 metros de agua. Don Durito de Lacandona, lo es y el dolor de alma después de tres días en busca del Subcomandante Marcos en la enigmática Selva Lacandona, lo era. Aquella guajira blanca, librando descalza Guantanamera en el paseo viejo del malecón de la Habana Vieja al calor de una botella de mal ron y despachando más allá, a los 50 dólares de un inglés que "dice demasiado, cuando se confunde", sin duda lo era. Cualquier secreto de silencio, de cualquier noche, de cualquier Sahara. La mirada de mi sobrino de 9 años, cuando Mandy Patinkin culpaba aquello de "Hello. My name is Iñigo Montoya. You killed my father. Prepare to die". La Utopía Chomskyana lo es. La mano izquierda de Lucio Uturbia al tender un whisky -de marca totalmente desconocida- todos los primeros de año, soñando -y haciendo soñar- con cuando nada es mío. La cristalera del centenario reloj de D' Orsay. Ken Saro-Wiva lo era antes de que lo asesinaran. El dramático bigote de Frida Khalo. La Puerta de Babilonia en el Pergamo. Mi viejo violín lo es. El rocío sumergiendo la silueta de un caracol, mientras come perezoso una hoja de berza en plena Cordillera Cantábrica, en una mañana especialmente solitaria de invierno. El candoroso Løgstrup y su positiva exigencia ética. La primera rama y la última de Tjikko. El trabajo de Vicente Navarro sobre el sistema de salud Canadiense. La desobediencia civil de Thoreau. La Niké. La sutileza del sombrero rojo de Van Doungen. El delirio y la pasión del Desmayarse, atreverse, estar furioso de Lope.
Rafael Suárez