Un azul tembloroso abre camino a un exuberante y vago rojo que observa mi sueño. Escapa -encantado- la conciencia. Anodino alcohol que anulas -burlesco-, mi mano opaca: Sombras ataviadas con acuosas mezclas de vino.
La brisa del mar no renuncia: Desnudo grillete roto, solitario barrote que verde y lento enjaulas mi alma. Agitas esta noche, jaula marchita, sombra llena de sombra, furtivo horizonte que golpeas muros. No hay ventanas rotas. No hay puertas. Solo el perfume de Rocío, me recuerda que estuvo en mi cama.
De nuevo, la marea, subió. Solitaria mar, que como cuchillo afilado, compañero tranquilo de camino, irrumpe en este atardecer.
Reflejo de crespón, hojas de arena proyectan seductores tributos al vivir.
Amor que cae, silencioso, en otra pendiente a través de un -todavía- orden que arrastra miradas, armaduras y ya, recuerdos. Duermo. Resuena, sueño mío, mi mejor amigo, que obedece, como estatua ofensiva a las mariposas obstinadas, ofreciendo recuerdos vivos de mi memoria presente, conocidos, amados y perdidos.
Acostumbro a no medir el reloj, es orilla de mar lo que amo, pero defiendo el olvido cuando en ruinas, respiro.
Rafael Suárez
Cuando en ruinas respiro.