¿Es preciso contradecir la herida abierta?
Lanza un grito, en esta noche en vela.
Sin la luna de nadie, hace tiempo, que es fácil acero, derramar preguntas, aún con hilos de voz:
Obra, buen corazón; rumorea cárcel.
- ¡Entierra la carne y vive!
- Patalea. Despierta. Lucha.
Y si la memoria marchita, olvida la cena larga: no busques cortinas; Ni oasis. Ni emperos.
No confundas el destierro con tu soledad. Pero hay algo útil en ella. No hay errores. No hay venenos extraños.
¿Cómo se asombra un corazón ante un muro? Anula tu capacidad de indolencia, de preciso silencio, de arrojo eterno, de palabras, embriaga tus labios bajo el peso de escribir, bajo la lámpara de la noche.
Rafael Suárez